martes, 8 de febrero de 2011

Cuentos de hadas


            El 25 de abril de 1974, mientras sufrían los últimos estertores de la dictadura, los españoles volvieron a creer en los cuentos de hadas cuando vieron que en los fusiles portugueses crecían los claveles y que el sonido de una canción era capaz de unir a todo un pueblo contra la tiranía. Pero los claveles se secaron en los cañones de las armas, las urnas devolvieron el poder a los de siempre, los latifundios que la reforma agraria había repartido entre los campesinos volvieron a sus antiguos dueños, la banca y las grandes empresas que habían sido nacionalizadas fueron reprivatizadas y las nuevas generaciones decidieron que “Grándola” no se podía bailar.

            Aquí no hubo cuentos cuando el “ogro” murió tal como había vivido: matando, porque la gente tenía el suficiente miedo como para beberse su champan en susurros y dejar los sueños para más adelante. Pero muchos volvieron a creer en ellos el 28 de octubre de 1982, cuando el PSOE ganó las elecciones y los antiguos republicanos y los viejos socialistas se echaron a la calle llorando, porque por fin habían finalizado los años oscuros. Aunque pronto descubrieran hasta qué punto se podían traicionar las siglas por las que tanta gente había dado vida y libertad y volvieran a llorar, pero esta vez de pena.

            Después de los años transcurridos, de que los ciudadanos de este país hayan comprobado por sí mismos que los cuentos de hadas sólo existen si has nacido príncipe, otra vez pretenden que creamos en ellos: que creamos que todas las dictaduras árabes, aplaudidas y sostenidas por occidente van a caer, sus pueblos van a liberarse de sus yugos y van a hacerse cargo de la explotación de sus recursos. Dentro de un tiempo, diremos el colorín colorado y el cuento se habrá acabado, eso sí, habrá sido muy hermoso durante el tiempo que haya durado. 
 

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