El agua y los alimentos son imprescindibles para vivir pero nadie se plantea recibirlos sin pagar por ellos. Todos encontramos lógico que abogados, fontaneros, arquitectos, albañiles, agricultores, etc., cobren por su trabajo y no se nos ocurriría que nadie realizase esas tareas gratuitamente de forma habitual.
Sin embargo, cuando nos referimos a cualquier ámbito de la cultura, a pesar de que, aunque nos duela, muchos (demasiados) han demostrado que es un lujo sin el que es factible vivir, parece existir un consenso general en que el acceso debe ser libre, lo que, lógicamente implica que sus trabajadores: escritores, cantantes, actores, músicos, pintores, periodistas, bailarines, recibirían como única remuneración el aplauso y la “gloria”. Y no es que no haya mucha gente dispuesta a trabajar “por amor al arte”, las emisoras de radio, los periódicos, los coros…, de provincias están llenas de artistas frustrados: amas de casa, trabajadores de banca, funcionarios…, incapaces de comprender que están quitándole a alguien su puesto de trabajo y negándose a sí mismos la posibilidad de dedicarse profesionalmente a la afición que tanto les satisface.
La prensa es una industria cultural con costes especialmente altos, sobre todo si se busca producir información propia de calidad, algo que, desde luego, no es posible sin periodistas que ejerzan en condiciones laborales dignas. Hasta ahora, los periódicos en Internet se han mantenido gracias a la publicidad y a las ediciones en papel de sus cabeceras; pero la crisis ha hecho descender los ingresos por ambos conceptos, obligando a replantear su gratuidad. Ya se están experimentando métodos de pago y es lógico, así que, aunque no nos guste, preparemos la cartera.
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